UNA ESPERANZA PERDIDA…… CONTINUACION

MI MAESTRA, MIS RECUERDOS
11 noviembre, 2017
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Pese a todo, Jamás se pelearon. Para mejorar sus ingresos, siendo adultos, recorrían La Palma, Mapocho, Cóndor y Rosarlo de Huara y en cada vino de estos terruños vivían múltiples aventuras que más tarde las recordarían miles de veces en el patio de Chanoc, como cuando se encontraron con el diablo y les dijo que tenía sed.

Ester, ¿Supiste que el pacto de tu abuelo Chanoc es sobre un sueño?, preguntó Luisa a su amiga.

- No creas nada. . . son puros chamullos de viejos pampinos. Hace diez años que dicen que se irán a la pampa a morir, que están cansados de no ver renacer las salitreras, pero no le creas nada porque apenas aparece la Pan Duro, se olvidan de todo.

¿Por qué no me dejas hablar con él, para preguntarle por la vida en la pampa, en los tiempos del salitre?.

¡Ni se te ocurra!, te vas a aburrir y eso a nadie le interesa. El futuro está en la ciudad, en lo moderno, dónde se ha visto que vamos a retroceder y volver a la pampa. Esa es historia de teclos.

- Mira, allá vienen.....

- Sí, pero tú ya sabes hacia dónde van. . . .

En tiempos normales trabajaban en la pampa entre cincuenta y sesenta mil obreros y el capitalismo que entró en las salitreras los fue eliminando a todos y no me digan que fue por el salitre sintético, argumentaba Carballo.

- El brazo humano ha sido reemplazado en todo el mundo y ahí tenemos la crisis industrial y la crisis del trabajo, agregaba.

Nuevamente se iniciaba una larga conversación que finalizaba cuando Chanoc se acordaba de la Pan Duro, entonces se despedía de su amigo.

Ella parecía gastada por el tiempo, pero era alegre, vivaz y buena compañera. Gustaba de usar calcetines y parecía una niña flaca, arrugada.

El, engominado, con sus manos pasadas a pescado y colonia inglesa, la miraba con ojos de adolescente sentados en el sillón rojo, mirando la televisión, el ponía sus manotas en los cadavéricos muslos de la Pan, mientras ésta saltaba entre risas, moviendo su falda de seda chiné.

Así era el amor de ellos, de toqueteos y de historias pampinas. Ella también lo arrullaba acordándose de su gato, hasta dejarlo dormido y fue de esta manera que, entre sueño, Chanoc le contó que le hubiese gustado ser como Negreiros, porque ese sí que fue un personaje, según le relatara su abuelo que lo conoció de cerca. Debió aparecer por el 1800 ó 1809, tipo suertudo que descubrió calíchales muy ricos, cuando andaba desenterrando troncos. Y habiloso, puso en marcha las Paradas y empezó con la elaboración del salitre.

A Negreiros si que deberían rendirle homenaje.

La noche invitaba a que la admiraran. Aromática vital. Chanoc tomó a su amada y mirando hacia el infinito la transportó a las noches pampinas estrelladas, entonces le suplicó que recorrieran Santa Laura, Huara o Humberston, donde sentían los ruidos angustiantes y dramáticos de I03 miles de trabajadores. De lejos, los gemidos y llantos de hombres y mujeres, "¿qué pasó?", "¿por qué?".

Vieron pasar una docena de estrellas fugases y el cielo comenzó a enviar una suave garúa, junto con la aparición de carballo.

Al día siguiente los tres partieron de madrugada para la pampa, cuando a medio camino, un intenso dolor en el pecho interrumpió el respirar de Carballo. Asustado Chanoc le pidió que no se fuera, que esperara, que el desierto habría de ser grande otra vez, que si no era por el salitre, sería por la agricultura. Carballo hacían quince minutos que ya no lo escuchaba.

Chanoc lloró amargo, tragándose las lágrimas con sabor a desilusión. Su amigo, el de la pampa, se iba, otros lo hablan hecho antes, pocos iban quedando. Todos se iban tristes, con la vida incompleta. Algo les faltaba ver antes de partir.

La Pan lo ayudó a superar la tristeza. Ambos siguieron Juntos esperando el día en que también partirían desencantados.

EDITH VALDIVIA ARAYA

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