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El descubrimiento del Salitre fue fundamental para la economía del país

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Las familias pampinas fueron parte importante de la vida existente en las oficinas salitreras.

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La cuadrillas de desrripiadores fueron fundamentales para el proceso del salitre en el sistema Shanks

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Pese al tiempo pasado, las polvorientas calles de la Oficina María Elena se mantienen vigentes.

Empinándome en mis casi 12 años de edad, llegué junto a mis padres y hermanos a la Oficina Salitrera Chile, Cantón de Taltal en el año 1947. Procedentes de la 4° Región, hicimos el viaje en el Ferrocarril del Estado, único medio de transporte de esos tiempos, ya que en ese entonces no habían los cómodos y sofisticados buses que tenemos en la actualidad. El viaje fue muy largo y extremadamente cansador por la incomodidad y lentitud del tren.

Al llegar a la Estación Catalina donde desembarcamos junto a nuestro escaso equipaje para esperar el camión que nos conduciría a nuestro final destino, mis escrutadores ojos recorrieron todo el árido entorno, muy desilusionada, recuerdo que pregunté a mi padre: ¿Dónde están los montes?, refiriéndome a la vegetación, a lo que él en tono de broma me respondió: Tú mamá los trae en las maletas, refiriéndose a unas hierbas medicinales que ella tuvo la precaución de traer. Desde muy pequeña fui una amante de la naturaleza, pues siempre viví muy ligada a ella, ya que casi todos mis juegos se desarrollaban en medio de la hermosa vegetación existente allí en mi pueblo. Mi entretención favorita era coger florecillas silvestres, correr por el pasto y después tenderme cuan larga era sobre él. Por eso al llegar a éstas tierras tan áridas, mi alma de niña sufrió una grande decepción, al extrañar el verdor de mi tierra y como sí esto fuera poco, el ruido espantoso que hacía el viento, me aterraba; pero muy pronto fui adaptándome a esta nueva forma de vida, me hice de muchos y buenos amigos, no obstante el fantasma de la nostalgia por mi pueblo, siempre estaba presente aunque ya había transcurrido un tiempo considerable de nuestra llegada a la pampa.

Los domingos por la tarde subíamos a los ripios con algunas amigas, desde donde podíamos dominar todo ese paisaje desértico que ofrece la pampa; allí cual inquietas avecillas, anhelábamos desplegar nuestras tiernas alas y volar hacia otros lugares; nuestras retinas estaban ávidas de verdor y soñábamos con parajes llenos de vegetación, con ríos cristalinos corriendo presurosos hacia el mar; dejábamos volar nuestra imaginación y nos veíamos nadando en sus aguas. Luego de algún tiempo, yo pude ver realizado este sueño, al viajar algunos kilómetros hacia el sur, donde pude deleitarme con los paisajes de mis sueños, con la bella creación de Dios en ese lugar. Caminé extasiada por la ribera de ese río bullicioso orillado de una exuberante vegetación, me bañé en sus límpidas aguas, que refrescaron mi cuerpo juvenil; fue una hermosa experiencia para mí, pero pasaron escasos días y mi corazón comenzó a añorar esa pampa, esa pampa que se prende en el corazón del pampino, como algo que pasa a formar parte de sí mismo, y la nostalgia por ella hizo presa de mí y no pasaron más de once días y ya estaba de regreso. Y |Qué lindo fue verla de nuevo1 Pude ver en ella, cosas que nunca antes había notado, la vi más hermosa, más interesante. Miré sus cerros desprovistos de vegetación y vi en ellos un encanto especial, allí también estaba la mano del Creador, Pude apreciar su variedad de colores y tonos, sus formas caprichosas especialmente, el ceno de la copa con el enorme dibujo natural de una copa incrustada en su centro que a mí so me antojaba llena de helados, para otros rebasando de espumosa cerveza; cuestión de gustos, suponía yo

Para mí, estos descubrimientos fueron muy lindos e interesantes; si hasta el cielo me pareció más azul, más diáfano, sus noches estrelladas estaban saturadas de una mágica belleza. Desde entonces supe que la pampa había calado muy hondo en mi ser, que yo era una auténtica pampina, una nortina de corazón

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