Como si fuera ayer

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Había una familia pampina por eso años de 1924 que en la Oficina Rosario de Huara hacía partícipe de su felicidad a todos cuantos les conocían. El moti¬vo era muy simple, pero, a la vez, enriquecedor: les había nacido un heredero largamente esperado que reunía todo lo que un padre y una madre an¬sían para sus hijos.

En una época como aquella que insinuaba ya grandes cam¬bios sociales y económicos -sobre todo en la pampa salitre¬ra- esta familia pampina emigró posteriormente a la Oficina Mapocho donde se ofrecían mejores condiciones de vida, en una existencia de pro sí ya du¬ra y esforzada por las limitacio¬nes propias del trabajo calichero.

El pequeño infante nacido en la Oficina Huara, a quien bautizaron Hernán -Hernán Villanueva- era ya un niño de 10 u 11 años, vivaracho, ingenio¬so, alegre, pero que tenía un defecto: no crecía, era pequeñísimo, a pesar de ser totalmente sano y que ya lo había visto una señora de la Oficina que decían curaba los "males de ojo".

Comenzaron los años de la educación primaria y en 1935 nuestro amigo Hernán fue a la Escuela de la Oficina, que esta¬ba bajo la dirección del profesor señor José Cabezas C.

El "Chato" Hernán creció -sólo una forma de decir- junto a todos nosotros.

Éramos ya grandecitos, algunos habíamos participado en las faenas calicheras como herramenteros, matasapos, vianderos y otros oficios desempeñados por los niños en la pampa. Como era querido y bueno para las tallas y los chistes, lo protegíamos de las bromas no siempre de buena ley de los alumnos de otros cursos que veían en él sólo a un enano que iba a la escuela.

Terminó su educación primaria y como muchos niños de la época, entró a trabajar a la Compañía salitrera. Su peque¬ñez no era obstáculo, pues era fuerte y bien plantado, de ma¬nera tal que tomó el oficio de cosedor de sacos con un sala¬rio de treinta pesos mensuales. En su turno diario debía coser 350 sacos de 80 kilos. Su pe¬queñez en este caso era favo¬rable ya que le evitaba efectuar movimientos innecesarios que complicaran su trabajo, de tal manera que Hernán en ocasio¬nes duplicaba sus ingresos.

Al estar en convivencia con las cuadrillas de cargadores entró a muy temprana edad a las fiestas y remoliendas de ama¬necidas, sobretodo en los días de pago y donde era activo participante por su alegre espíritu y carácter jovial.

En esta Oficina Mapocho conoció a variados artistas que llegaban en los Teatros Móviles a los establecimientos de la pampa, algunos de los cuales lo invitaron a participar de sus giras dado que también tenía alguna condición para le can¬to. Tuvo así la oportunidad de andar con Violeta Parra, Lucho Barra, Videla Carvallo, Lucho Córdova, Olvido Leguía y María Valdés, entre otros.

Andando el tiempo se inte¬gró como payado circense a los circos de Tony Caluga, Broadway, Hnos. Farfán, Águilas Humanas, etc., saliendo al ex-tranjero donde hacía gala de su graciosa pequeñez y simpatía que fueron parte de toda su vida.

A los años volvió al país y a su Norte Grande. Estaba ya muy desmejorado físicamente y se apagó como el candil de una vela, falleciendo un día cualquiera; entre soles calicheros en el más triste anonimato.

Hago estos recuerdos mientras tengo frente a mí una desteñida y amarillenta fotografía donde reconozco entre otros niños al "Chato" Hernán, palomilla como siempre, haciendo una musaraña que pareciera ser un alegre saludo desde el Más Allá.



El proceso para la elaboración del Salitre tenía varios factores. Este se iniciaba con un tiro explosivo en los rajos calicheros, posteriormente los Bulldozer o pechadores removían la tierra que se había acumulado, luego los bolones de Caliche de gran tamaño eran postrados por los operadores con sus respectivas “guaguas”, para finalmente ser cargados en los carros calicheros que los trasladaban al proceso de molienda en el Molino Primario y su “chancho” triturador.

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